Vital el diagnóstico temprano en la edad escolar

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Myrangelisse Ríos Pelati, MD

Presidenta de la Asociación de Psiquiatras de Niños y Adolescentes.
Práctica privada Hospital San Jorge

“”””Carlos tiene 8 años de edad y fue diagnosticado con ADHD a los 6 años. La madre de Carlos lo lleva al pediatra ya que ha notado que ha perdido peso y está inapetente. Le preocupa que el medicamento psicoestimulante prescrito por el pediatra le esté afectando su apetito.

Cuando el pediatra lo pesa, descubre que bajó 8 libras desde su última cita hace 7 meses.  En aquella cita Carlos le contó al pediatra lo mucho que le gustaba jugar pelota. Esta vez parece más callado y retraído. Cuando el pediatra le preguntó sobre su equipo de pelota, le comentó que no está jugando porque no tiene quien lo lleve. La madre comenta que quien lo llevaba era la abuela que falleció de un infarto cardiaco justo después de la cita pasada. El pediatra le pregunta a la madre cómo la familia ha estado sobrellevando la pérdida, a lo que responde que evitan hablar de la abuela frente a Carlos para no recordársela. Sólo lo vieron llorar el día del entierro, así que la familia piensa que Carlos se ha repuesto muy bien. Por otra parte, las maestras se han quejado de que lo único que hace en la escuela es molestar, hacer chistes y no quiere hacer sus trabajos, pero la madre no quiere seguir subiendo la dosis del medicamento del ADHD por su pobre apetito. La abuela era quien le cocinaba a Carlos en las tardes y quien se sentaba con él a hacer las asignaciones.

¿Será el ADHD el causante de los problemas más recientes de conducta y académicos de Carlos? ¿Habrá bajado de peso por el uso del psicoestimulante? ¿Se encuentra Carlos emocionalmente bien?

La depresión

Se define como un estado de ánimo triste, sentimientos de soledad o desesperanza, la mayor parte del día, por un periodo de dos semanas o más. Se puede observar una pérdida marcada en el interés de cosas o actividades, pérdida o ganancia marcada de peso, cambios en el patrón de sueño, sentimientos de vacío o culpa, pérdida de energía y/o concentración, pensamientos recurrentes de muerte y/o ideas suicidas entre otros.

Mucho se ha hablado de la depresión en adultos, pero el tema de la depresión en las edades escolares es un tema del que se habla muy poco, principalmente por la creencia herrada de que los niños no se deprimen. Si bien es cierto que la prevalencia de depresión en la población pediátrica puertorriqueña es de un 3% (Canino et al), no deja de ser importante la detección temprana y el tratamiento, ya que la depresión es una de las condiciones crónicas más incapacitantes a cualquier edad. Acorde con la tendencia en adultos, las niñas presentan más síntomas depresivos y son diagnosticadas más frecuentemente con un Trastorno Depresivo en comparación con los niños. Contrario a lo que se pensaba, estudios recientes demuestran que los escolares pueden presentar síntomas depresivos típicos como tristeza, anhedonia y culpa (Kovacs et al. 1984), además de presentar irritabilidad, problemas conductuales, académicos, ideas suicidas y/o automutilaciones. Los niños no necesariamente tienen que presentar llanto como uno de sus hallazgos.

Se reconocen como factores de riesgo comunes para depresión los eventos traumáticos como:

Pérdidas, abuso o negligencia, pobre apoyo familiar, problemas con los pares, problemas de salud, entre otros. Los hijos con 1 padre deprimido tienen 25% más riesgo de sufrir un evento depresivo en su vida, mientras que los hijos donde ambos padres han estado deprimidos tienen un 75% más de riesgo.

Uno de los indicadores más importantes de depresión es la conducta suicida (Roselló et al). El suicidio es la 4ta causa de muerte en latinos entre los 10-14 años. Nunca debemos subestimar cuando un niño expresa ideas de muerte o actúa sobre esas ideas. Cuando identificamos un niño con uno o más factores de riesgo, debemos fortalecer sus factores protectivos tales como apoyo familiar, autoestima, autocontrol, relaciones con pares etc.

Existen varias estrategias terapéuticas para la depresión pediátrica como la terapia de juego, la terapia cognitivo conductual, sesiones con padres y farmacoterapia, entre otros. Si se detectan síntomas depresivos que estén causando disfunción en el menor, no dude en referirlo a un profesional de la salud mental para evaluación y manejo. Se sabe que la taza de los síntomas depresivos tiende a aumentar con la edad, por lo que trabajar con dicha sintomatología temprano en la enfermedad, mejora dramáticamente la calidad de vida y la prognosis del paciente.

Referencias
Kovacs, M., Feinberg, T.L., Crouse-Novak, M.A., Paulauskas, S.L., & Finkelstein, R. (1984). Depressive disorders in childhood. I. A longitudinal prospective study of characteristics and recovery. Archives of General Psychiatry, 41, 229–237.
Rosello, J., Berríos, M.Revista Interamericana de Psicología/Interamerican Journal of Psychology – 2004, Vol. 38, Num. 2 pp. 295-302

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