¿Diestro o zurdo? ¿Cómo saberlo?

Redacción Pediatría y Familia

A medida que el bebé y el niño van creciendo, las habilidades que desarrolla se manifiestan en su vida cotidiana. Poco a poco notamos como sus piernas tiemblan menos al andar o correr, pronuncia mejor y sabe más palabras, aprende a reconocer algunas emociones, etc. Aunque todos estos son signos muy importantes y sorprendentes, hay un aspecto que nos maravilla y causa curiosidad al mismo tiempo: ¿cuál es su mano predilecta? ¿será diestro o zurdo?

Este sencillo asunto se conoce en medicina como lateralidad. Los especialistas afirman que esta habilidad se manifiesta alrededor de los 3 años. Antes de ese tiempo, los bebés y los niños se consideran ambidiestros, ya que usan ambas manos para jugar, colorear y realizar varias actividades. Sin embargo, solo hasta los 4 años el niño elige una mano que comienza a utilizar con mayor frecuencia.

Como esta edad coincide con el inicio de la etapa escolar, por lo general solo se descubre si el niño será zurdo o diestro cuando comienza a escribir o dibujar, es decir sobre los 7 años.

No te apresures a definir si tu hijo es diestro o zurdo

En algunos casos, la lateralidad del pequeño se reconoce desde edades tempranas. El bebé o niño prefiere usar con más frecuencia las extremidades de un solo lado: mueve primero la pierna derecha al caminar, pinta y come con la mano derecha o incluso se voltea hacia ese lado mientras duerme. A esto se le conoce como lateralidad pura, una habilidad que se perfeccionará mientras el pequeño crece.

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Pero existen otros casos, sobre todo cuando el bebé permanece ambidiestro durante largo tiempo, en los que los pequeños eligen utilizar las extremidades de un lado pero enfocar o ver con el ojo del lado contrario. Esto también es un rasgo de lateralidad que se denomina lateralidad cruzada.

Antes de corroborar si el pequeño es diestro o zurdo, es crucial estar seguros de ello. Diferentes estudios científicos han comprobado que intentar modificar la lateralidad del niño, puede ocasionar trastornos relacionados con la comunicación neuronal que provocan dislexia, tartamudez, falta de equilibrio o motricidad.

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