Padres y madres modernos: un gran reto para los pediatras

Padres y madres modernos: un gran reto para los pediatras

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Gracias a la llegada de las nuevas tecnologías, la relación entre los padres del siglo XXI y los pediatras ha variado un poco en relación con anteriores generaciones. La información en la web es ilimitada y está al alcance de un clic, por eso los progenitores ya no llegan desinformados a estas consultas médicas.

A pesar de que los padres llegan a las consultas con más conocimiento sobre el desarrollo de sus hijos, aún existe una gran diferencia entre lo que es realidad o un simple mito, el pediatra entonces debe explicar qué es correcto y qué no lo es.

Sin embargo, el problema viene cuando los padres creen saber más que el pediatra y no aceptan sus indicaciones. En este caso el médico debe ser muy claro y mostrar evidencia científica de lo que expresa. Si bien, los padres son quienes pueden ayudar al médico a dar con el diagnóstico adecuado por la certeza con la que describen sus síntomas, esto no quiere decir que puedan sobrepasar el conocimiento del especialista.

Una de las consultas más graves con las que se han enfrentado los especialistas es, por ejemplo, la ingesta excesiva de la vitamina B12, debido a la prolongada lactancia materna o el vegetarianismo a temprana edad, que los padres imponen a sus hijos, creyendo que están aportando óptimamente a su crecimiento y desarrollo.

La medicina homeopática también ha abierto una brecha entre los padres y los pediatras. Gran cantidad de la población elige este tratamiento alternativo como el más efectivo para curar la salud de los pequeños, lo que, en términos médicos, puede ser contraproducente para el niño, ya que a veces los fármacos son más efectivos para matar virus o bacterias, proceso que los medicamentos homeopáticos tratarían de otra manera, sin solución radical alguna.

De manera desafortunada, esta desconfianza en las instituciones de salud no se queda ahí. Este flagelo ha afectado incluso a la vacunación, pues los padres modernos ya no están vacunando a sus hijos y en algunos casos, las instituciones de salud deben hacer firmar a los padres una constancia sobre la responsabilidad que recae sobre ellos, si no permiten que sus hijos sean vacunados.

Ante tal situación, los pediatras tienen el gran reto de argumentar clara y concisamente sobre los tratamientos que los niños deben seguir ante determinada enfermedad o condición de salud. Los padres tienen el deber de escuchar la recomendación del médico tratante, así como tienen el derecho de preguntar cualquier duda que se tenga frente a la salud de su hijo. Entre ambas partes, el objetivo común debe ser siempre el bienestar del niño, sin otro fin en particular.

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