Amar no es sinónimo de malcriar

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Con los mitos que han surgido recientemente frente al rol de padres, se ha abierto un debate entre cuál es la mejor manera de criar a los niños. Sin embargo, si hablamos de la malcrianza, probablemente pensamos de inmediato en berrinches, gritos y rabietas en las calles. Y no estamos lejos de la realidad.

En muchos casos, creemos que sucumbir a la manipulación emocional que realizan para poder obtener algo es lo más apropiado, pero no es así. Como padres, malcriar a un niño nos va a hacer pasar momentos desagradables, pero a la larga las consecuencias son para él.

Errores frecuentes en la crianza

  • Aumentar el autoestima de los niños es fundamental para que fomenten el amor propio y la aceptación, sin embargo, debemos ser cautelosos de no cruzar la línea y generarle un complejo de superioridad. Es importante que desde pequeños, los niños entiendan que todo en la vida debe conseguirse con esfuerzo.
  • Son tan importantes los refuerzos positivos, como los llamados de atención. Se suele pasar por alto el reconocer el buen comportamiento de los niños, y esto puede influir más adelante en el autoestima al no sentirse valorados.
  • Los límites que establezcan se deben cumplir sí o sí, sin excusas. Es común que muchas veces optemos por hacer excepciones cuando se trata de niños pequeños, sin embargo mantener los límites claros evitarán que más adelante se conviertan en maleducados y/o irrespetuosos. Debe haber un acuerdo entre ambos padres para que puedan hacer cumplir las normas en la ausencia de alguno.
  • Eres un modelo para tu hijo, de manera que debes evitar a toda costa actuar como un niño malcriado. En general, se debe evitar las conductas infantiles frente a los niños, ya que viniendo de un adulto, pueda llegar a la conclusión de que esa es la manera correcta de actuar.
  • Muchas veces los berrinches llegan a tal punto, que creemos que lo mejor es ceder. Sin embargo, es un error frecuente muy grande. La forma adecuada en la que un niño debe conseguir lo que quiere, es haciendo lo que le corresponde, no llorando, pataleando o gritando. Ceder ante estas conductas negativas resta autoridad a los padres y los aleja más del objetivo principal.

Procura que los halagos nunca sean artificiales. Recuerda que el objetivo es educar al niño positivamente sin restarle puntos en el autoestima o negándole todo sin razón aparente. Nadie dijo que ser padres era tarea fácil, pero sí que requiere bastante paciencia. Si tu consideras que la labor como padre se está ejecutando de manera correcta, pero no vez una mejoría en el niño, no está demás buscar asesoría con un profesional y, por el contrario, podría brindarles numerosos beneficios para mejorar la relación de padres e hijos.

Un llamado de atención no es sinónimo de dejar de querer a un niño, pero tampoco amarlo significa cumplir con sus caprichos. Todo lo mencionado anteriormente, debe tener como base el amor y el respeto. Es así como logras generar una postura de autoridad sin ser necesariamente autoritario. Recuerda que la mejor manera de educar, es haciéndolo con amor.

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