¿Cómo controlar la agresividad en los niños?

Una conducta agresiva es aquella en la que un niño trata de hacer daño físico o psicológico a otro niño o incluso a sus padres. Se trata de una acción intencionada manifestada a través de patadas, arañazos, gritos, empujones, palabrotas, mordidas, tirones del pelo, entre otras.

Se debe tener en cuenta que los niños pequeños todavía están desarrollando sus habilidades lingüísticas, tienen un fuerte deseo de hacerse independientes, y a la vez no poseen aún la capacidad de controlar sus impulsos, por eso son tan susceptibles a reaccionar físicamente.

Por más que el comportamiento agresivo del niño pequeño asombre, asuste o desespere, es importante que se conciba como parte de su desarrollo. Y por ello, se debe reaccionar de la mejor manera para ayudarlo. A continuación algunas recomendaciones:

Mantén la calma

Humira – 300

No le grites ni le pegues al niño. Si le gritas, le pegas o le dices que es un niño malo, en lugar de refrenar su comportamiento, lo único que lograrás es enojarlo más y darle más ejemplos de cómo ser agresivo. Si, por otro lado, tu hijo observa cómo te controlas tú, ese será el primer paso para que aprenda a controlar su propio temperamento.

Identifica la causa

Pregúntale cuál es la razón de su comportamiento. ¿Qué lo frustra? ¿Qué le molesta? ¿Qué no entiende? Reconozce si está sufriendo de baja autoestima o si está molesto con alguien.

Intervención temprana

No esperes a que el niño empiece a mostrar un comportamiento más agresivo. Intervén tan pronto observes que el niño se siente frustrado o que se está alterando.

Establece límites claros

Trata de responder de forma inmediata cuando ves que el niño se pone agresivo. Llévatelo del lugar donde ha ocurrido la agresión para que pueda pensar (a esa edad, uno o dos minutos separado de los demás es suficiente). Esto le dará tiempo de calmarse y, con el tiempo, entenderá que sus acciones tienen consecuencias.

 Responde con consecuencias lógicas

No le des grandes sermones, a esa edad no es capaz de ponerse en el lugar del otro, ni cambiar su comportamiento con base en grandes razonamientos lingüísticos, pero sí logra entender la relación entre acciones y consecuencias. Así que sólo hazle saber lo que hizo mal y explícale el porqué de esto.

Busca ayuda

A veces la agresividad excesiva de los niños requiere más acción que la disciplina de los padres. Habla con el médico de tu hijo si notas lo siguiente:

  • Parece asustar o molestar a otros niños.
  • Ataca a adultos.
  • Tus intentos de aliviar la situación no tienen efecto.
  • El niño se muestra agresivo por más de dos o tres semanas.

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