Conductas cotidianas de padres sobreprotectores

236

Agencia Latina de Noticias de Medicina y Salud Pública|Pediatría y Familia

Si preguntáramos a todos los padres del mundo qué quieren para sus hijos, seguramente la mayoría de las respuestas serían referentes a formar seres humanos felices y plenos.

Los padres sobreprotectores y controladores normalmente justifican sus actos en términos de ‘cuidados y protección’ de los peligros y amenazas con las que sus hijos se pueden topar en el mundo. Y si bien es cierto que uno de los deberes básicos de los padres es proteger, hay límites y lo ideal es siempre buscar el equilibrio.

Estos padres deben aceptar que hay momentos en los que irremediablemente deberán dejar a los niños tener sus propios tropiezos y aprender de ellos.

A continuación, una lista de algunos comportamientos que huelen terriblemente a sobreprotección:

  • Intentas por todos los medios que tu hijo haga lo que tú deseas. No aceptas otras alternativas.
  • Duermes con tu hijo de más de tres años toda la noche más de una vez a la semana.
  • Ante cualquier malentendido o dificultad escolar con alguna maestra o compañero del colegio, te presentas personalmente para intervenir sin antes aconsejar a tu hijo para que intente resolverlo primero.
  • Si tu hijo no ha quedado con una maestra que tú consideras apta o en el grupo con sus amiguitos, harás lo posible por conseguir que lo cambien de clase.
  • Haces los deberes del colegio con tu hijo’ todos los días y te aseguras de que estén perfectos.
  • Eliges diariamente la ropa que debe usar tu hijo y no le das la oportunidad de elegir.
  • Te molestas si las emociones de tu hijo no coinciden con lo que tú esperas; es decir si llora o se siente triste por algo que tú consideras que no lo vale.
  • En un restaurante eliges siempre por él.
  • Nunca dejas a tu hijo salir de paseo si no vas tú.
  • Caes en pánico si tu hijo te dice que le duele la cabeza o el estómago e inmediatamente corres al médico.
  • Te parece natural entrar al cuarto de tu hijo mayor de nueve años sin tocar la puerta o mientras se está duchando.
  • Prohíbes a tu hijo algunas amistades porque no las consideras adecuadas sin antes darte a la tarea de conocerlas más.

Si como mamá te descubres en varias de las conductas señaladas, es tiempo de relajarte y empezar a hacer cambios graduales en la forma en que defines tu forma de proteger y cuidar. Por supuesto que hay que estar siempre cerca cuidando sus pasos, pero no evitando que los den por sí mismos

Cargue Artículos Más Relacionados
Comentarios cerrados

Mira además

Mamá primeriza, la experiencia de la maternidad

En Errores y horrores de una mamá primeriza, Yolanda Sáenz de Tejada revela algunas soluci…