Mal humor en la adolescencia

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Del mal humor de los adolescentes se ha hablado mucho durante años, y es que el cambio que atravesamos con ellos desde la etapa en que dejan de ser niños para convertirse en adultos, es abrupto e incluso puede llegar a molestar a algunos padres.

De hecho, se utiliza en tono de broma el estereotipo adolescente del joven que voltea los ojos ante sus padres, o da portazos luego de una discusión. Sin embargo, para las parejas que están atravesando por esta situación, la broma no tiene nada de diversión por los estallidos emocionales, los cambios de humor repentinos, entre otros.

Y debemos ser honestos, la pandemia a todos nos tomó por sorpresa. Para los adultos, la cuarentena fue una etapa de adaptación, acostumbrados a la rutina del día a día que hemos adoptado por años. Muchos contamos con la suerte de acoplar las labores diarias en casa, y para ser honestos, el teletrabajo ha sido una ventaja que ha gustado mucho y que probablemente permanezca en adelante.

Ahora bien, para los adolescentes este proceso ha sido más complejo. La constante necesidad de socializar, salir, divertirse ha generado mucha frustración en ellos. Seguramente que si tenemos un adolescente en casa, hemos notado que se aísla, pasa más tiempo en el teléfono y evita compartir tiempo con la familia. Es completamente natural que se sientan así.

Para nadie es un secreto que la adolescencia es una etapa de interminables cambios físicos, emocionales y hormonales. Sin contar, también, los cambios sociales que deben afrontar y que vemos reflejados en sus actitudes y comportamientos.

Posibles causas

Enseñar a los niños a hablar desde pequeños cuando algo los enoja, es un tema de vital importancia y que puede ahorrar muchas discusiones en la adolescencia. En algunos casos, la irritabilidad y los cambios de humor pueden ser síntomas de problemas más bien graves, al estar relacionados con trastornos como la ansiedad o la depresión.

  • Incomprensión: Los cambios para todos suelen ser incómodos y más cuando se tratan de cambios que no están bajo nuestro control. Lo más normal es que recurran a personas que se encuentren en la misma etapa para normalizar lo que sienten, consideran que como adultos, no estamos en la capacidad de comprender o de ayudarlos de la manera que ellos buscan que lo hagamos.
  • Decepción: Otro aprendizaje que debe infundirse desde la infancia, es la importancia de los errores en los procesos que llevamos a cabo diariamente. A todos nos genera malestar las equivocaciones, pero lo importante es saber canalizar las emociones que la frustración nos genera. La ira contra los padres puede, algunas veces, deberse a eso.
  • Comparaciones: Bien dicen que las comparaciones suelen ser odiosas, y es del todo cierto. No hay nada mejor que hacerle saber a cada uno de tus hijos cuánto vale por separado. Evita compararlos con otras personas o entre sí, esto genera inseguridad y pone en riesgo su imagen de sí mismo.
  • Depresión: Desafortunadamente, la depresión es una de los trastornos psicológicos más silenciosos y riesgosos que se conocen y que además. frecuenta a los adolescentes. Es errado pensar que se manifiesta únicamente con el aislamiento, el llanto y las autolesiones. En muchos casos, la depresión suele presentarse como episodios prolongados de ira, irritabilidad o mal humor, por ello es importante que busques siempre estar al pendiente de tu hijo.

A diferencia de lo que actualmente se aconseja, lo ideal es no ignorar el problema. De hecho, lo importante es hacer saberle a tu hijo que puede contar contigo y que puede dialogar contigo en el momento en que se encuentre preparado para hacerlo.

Enseña que el respeto se da de parte y parte. Invalidar o menospreciar sus sentimientos harán que retrocedan y dejen de expresarse. En su lugar, genera un espacio de diálogo cómodo para ambos, asiente cada vez que sea necesario para que él sienta que tiene tu atención y trata de mantener una actitud tranquila y calmada.

Sé consciente de tu lenguaje corporal. Muchas veces decimos con nuestros gestos más de lo que hablamos con palabras, de manera que debe haber una coherencia entre lo que decimos y cómo lo decimos.

¿Cuándo debo buscar ayuda?

Si de repente el enojo trasciende al plano de la agresividad e incluso la violencia, es la primera señal de alarma que debemos tomar en cuenta para buscar ayuda de un especialista.

Es cierto que en la adolescencia los sentimientos son más intensos, pero no debes permitir que se manifiete mediante impactos negativos en su día a día, de presentarse, lo más sano es acudir con un profesional y descartar que pueda tratarse de algo más serio.

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