Mi niño es muy testarudo, ¿cómo enfrento esta situación?

Por: Redacción Pediatría y Familia

Cuando el niño se acerca a sus primeros dos años, un gran número de padres -especialmente los primerizos- pueden experimentar algo de angustia o ansiedad, en gran parte generada por opiniones externas y por los cambios de comportamiento que varios niños manifiestan. Entre ellos, la terquedad.

Los psicólogos infantiles afirman a los padres que no deben temer. A los tempranos 2 años, los pequeños comienzan a pensar más ‘críticamente’ por sí mismos. Y la obstinación es uno de los primeros medios que los niños utilizan para expresar sus propias ideas. De hecho, los mismos especialistas afirman que los niños que evitan contrariar a sus padres o cuidadores, tal vez sientan miedo de expresarse con total libertad y por ello eviten hacerlo.

Como superar esta etapa muchas veces no resulta fácil, los expertos en comportamiento infantil aconsejan una serie de estrategias que facilitan al niño manifestar sus deseos, emociones y a los padres, evitar caer en la manipulación o las rabietas que el pequeño haga para conseguir sus objetivos.

¿Qué puedo hacer en casa?

Algunos de los ejercicios que plantean los expertos -y así mantener la calma en el hogar- son los siguientes:

Aprender a ceder: Como padres, la preocupación por una mala crianza es una constante. Sin embargo, nadie advierte que en ocasiones debemos permitir a los niños, ser ellos mismos. Si bien es importante establecer y respetar los límites impuestos, en esta edad es importante que sean pocos pero que permitan a todos los miembros de la familia cumplirlos. Así, el pequeño poco a poco aprenderá a tomar sus propias decisiones y a expresar sus sentimientos con mayor facilidad.

Negocien juntos: Así es. Pese a que muchos adultos creen que las negociaciones con niños son contraproducentes, lo cierto es que en ocasiones es mejor evitar un berrinche. Eso sí, no se trata de sobornar al pequeño sino de convencerlo de centrar su atención en otras actividades.

Explica tus motivos: A veces los niños tercos, insisten en alguna idea porque no tienen claro los límites o las razones por las que no debe o puede realizar sus deseos. En estas situaciones, lo mejor es armarse de paciencia y explicar, despacio y las veces necesarias, nuestros propios motivos. Poco a poco, el niño desistirá si se da cuenta que no lo beneficia o que su capricho definitivamente no será cumplido.

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